Los últimos cuatro años, la comunidad de Atimonan, en Quezon, ha estado en el centro del debate sobre el futuro del sistema energético de Filipinas.

Una comunidad que ya está sintiendo los impactos del cambio climático, Atimonan también está enfrentando al poder de la industria de los combustibles fósiles y sus planes para desarrollar una enorme central eléctrica de carbón en la zona costera vulnerable.

La empresa promotora de la planta, Meralco PowerGen, convirtió un plan para construir una planta eléctrica de ciclo combinado de gas natural licuado (LNG), en una central tradicional de carbón. El gobierno local aprobó rápidamente el proyecto, creyendo que generaría empleos para los trabajadores de la construcción locales, además de ingresos fiscales derivados de las operaciones de la central.

Foto: Therene Quijano

La planta de carbón propuesta, de 1.200 megavatios, será la quinta de su clase en la provincia, estableciéndose en

la costa este de las Filipinas, una zona considerada cuatro veces más vulnerable a la subida del nivel del mar que otras áreas similares a nivel global. El proyecto está ampliamente considerado como un claro ejemplo de la innecesaria y peligrosa dependencia del carbón que sufre el país. Una de las principales preocupaciones entre quienes se oponen a la central es que el proyecto atará a la ciudad hasta por 40 años a la dependencia del carbón.

La parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, que lleva algunos años organizando a la comunidad, lidera la oposición local a la construcción de la planta. Se ha unido a la campaña nacional por la transición energética y está implementando soluciones comunitarias de energía renovable.

Durante los tres últimos años, la iglesia ha organizado a la comunidad a través de campañas educativas dirigidas a distintos grupos de población en la ciudad, siempre con la intención de que participen en movilizaciones públicas. Como resultado de este trabajo de base, miles de personas salieron a las calles para expresar su oposición al proyecto.

Un reciente estudio económico concluyó que la central de carbón propuesta en Atimonan es, en el mejor de los casos, una propuesta arriesgada. Los inversores se han percatado de que el carbón ya no es la opción más barata para la demanda básica, incluso antes de tener en cuenta externalidades como los impactos sobre la salud pública y el daño medioambiental.

Al tiempo que trata de bloquear la construcción de esta enorme planta de carbón, la comunidad ha implementado con entusiasmo soluciones a las necesidades energéticas que ofrecen una ruta alternativa hacia la independencia energética para la región. La parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles ha instalado 12 kilovatios de paneles solares en sus tejados para suministrar electricidad a su iglesia, convento y al parque adyacente a la parroquia. Es una manera de iluminar la esperanza de una comunidad que también ha padecido apagones rotativos intencionales instrumentados para reforzar la necesidad de construir la central de carbón.

Recientemente, Atimonan ha sido seleccionada en la valoración de una compañía de energía renovable que pretende instalar una granja solar con una micro-red eléctrica que no sólo competiría con la central, sino que también permitiría a la comunidad pagar menos por la energía eléctrica, que el proyecto solar les suministraría directamente.

La lucha por la acción contra el cambio climático requiere tanto urgencia como ambición, no solo para reducir las emisiones, sino también para instrumentar un programa de desarrollo que permita a las comunidades prosperar pese al calentamiento del clima.

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