En un período marcado por la inestabilidad política en América Lat ina, Bolivia vive un momento de vacío institucional y tensión en las calles de sus principales ciudades. A la cabeza del país durante 13 años, Evo Morales renunció el domingo (10), después de que las Fuerzas Armadas y la Policía del país le pidieran que renuncie al mandato, como una forma de «restaurar la paz en Bolivia».

Según la Constitución boliviana, los sucesores de Morales deben ser, por orden, el vicepresidente, la presidenta del Senado y el presidente de la Cámara de Diputados, quienes también renunciaron, lo que dejó al país en una situación de incertidumbre sobre quién lo gobierna. La segunda vicepresidenta del Senado, Jeanine Áñez, se declaró jefa del ejecutivo, pero la decisión no fue aprobada por sus pares, lo que significa que la indefinición institucional continúa. 

Mientras el Congreso intenta resolver la crisis de sucesión, los manifestantes han estado saliendo a las calles desde el domingo para celebrar el fin de la «era Morales», mientras que otros grupos están dejando sus hogares para protestar por lo que ellos consideran una interrupción inconstitucional del mandato.

Los que se manifiestan en favor de la salida de Morales apuntan que el ex-presidente no debería haber sido candidato, después de un plebiscito convocado por él mismo haber resultado en una victória de la prohibición a una nueva reelección. Morales presentó su candidatura mismo después de esa derrota, contrariando la Constitución del país. 

En las elecciones de octubre de 2019, la Organización de los Estados Americanos (OEA) fue llamada a verificar el proceso electoral en Bolívia y ha identificado al menos 250 irregularidades en el proceso. Basado en esto, muchos analistas han considerado que hubo fraude electoral.

Ya los que están contra la salida del ex-presidente afirman que la sugerencia de las Fuerzas Armadas de que él debería renunciar y la violencia que algunos grupos utilizaron contra miembros del gobierno antes de la renuncia de Morales caracterizan una interferencia insconstitucional. 

El propio ex presidente dijo que fue víctima de una salida forzada y que seguirá defendiendo su legado.

Wiphala, bandera indígena

Imagen: Esteban Ignacio / Flickr

La mayoría de los manifestantes de ambas partes han ejercido pacíficamente su derecho de expresión, pero, lamentablemente, algunos de estos grupos han recurrido a la violencia. La prensa local, que también se encuentra amenazada, ha registrado escenas inadmisibles de persecución hacia civiles, incendios en los hogares y humillación pública.

En un momento en que el país está discutiendo su futuro inmediato, parte de la oposición ha utilizado un lenguaje racista para referirse a grupos indígenas del país. Algunos de los sectores más conservadores también han abogado por la eliminación de los símbolos indígenas adoptados como oficiales en la nueva Constitución Política del Estado, de 2009, en reconocimiento de la diversidad étnica del pueblo. 

En 350.org estamos preocupados por la situación actual en Bolivia y pedimos a los líderes del país y a la sociedad que refuercen su compromiso con los valores fundamentales del respeto a la democracia, los derechos humanos y los Pueblos Indígenas como pilares esenciales de este período de transición.

En la práctica, esto significa que:

  1. Los manifestantes en las calles (sin importar su orientación política), la policía y el ejército actúen de tal manera que se garantice que nadie sea agredido, arrestado, torturado o amenazado por la posición que defiende.
  2. La Policía y el Ejército procedan de conformidad con la ley para garantizar que se respeten los derechos humanos de todas las personas.
  3. Manifestantes y líderes políticos eviten las expresiones racistas para referirse a los Pueblos Indígenas, respetando la diversidad étnica y cultural de Bolivia, que es una de sus mayores riquezas.
  4. La Policía, el Ejército y los manifestantes brinden respeto a los símbolos de la diversidad étnica del país, tales como la bandera de Wiphala.
  5. La población indígena, a través de sus organizaciones e individuos, tenga la libertad de participar activamente en las discusiones sobre el futuro del país, en sus aspectos políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales. Invitamos a los bolivianos de todos los orígenes étnicos a reconocer que los conocimientos tradicionales y las comunidades indígenas pueden contribuir positivamente a la solución de problemas complejos.
  6. Los representantes políticos del país discutan seriamente los próximos pasos a seguir, especialmente en relación a las nuevas elecciones, para que se desarrollen dentro de los preceptos democráticos y valorando la pluralidad de opiniones, sin revanchismo ni arrogancia autoritaria.
  7. Ante los lamentable sucesos que se desarrollan, reprochamos totalmente el uso de violencia en cualquier sentido y contra cualquiera en estos momentos.

En las montañas del altiplano, en los cálidos paisajes de tierras bajas  o en la belleza diversa de los valles, en contextos rurales y urbanos, la libre expresión para alcanzar soluciones autónomas siempre será el mejor camino.