Por Peri Dias*

En las oficinas de algunos de los mayores bancos europeos, ya sea en Ginebra, París o Utrecht, es prácticamente imposible encontrar empleados vestidos con mallas, calzas de seda y botas de cuero o ejecutivos con camisa y faldelín de brocado. Si bien la vestimenta de los colonos europeos del siglo XVI no tiene mucho éxito en los pasillos de las instituciones financieras del viejo continente, la actitud de hacer dinero explotando de forma depredadora los recursos de América Latina —y a expensas de los Pueblos Indígenas— sigue todavía de moda a mediados del 2020.

Informe Amazon WatchAl menos esa es la conclusión a la que arribamos desde 350.org cuando leímos el informe “Bancos europeos financian el comercio de petróleo amazónico hacia los Estados Unidos”, publicado en agosto de este año por las ONG Amazon Watch y Stand.Earth.

La encuesta revela que seis instituciones financieras europeas son las responsables del 85% del crédito bancario destinado a la extracción de petróleo en una de las zonas más sensibles de la Amazonía ecuatoriana, la región de Cabeceiras Sagradas. El documento señala la hipocresía de estas empresas que anuncian compromisos ambientales y sociales en Europa, pero que se benefician de prácticas irresponsables en América Latina, más específicamente en Ecuador.

Colonialismo climático en la Amazonía

Colonialismo climático en la Amazonía – Melissa Teixeira (350.org América Latina)

 

¿Cómo practican los bancos el colonialismo fósil y climático?

Básicamente, estas instituciones predican de forma constante el respeto por el clima en sus discursos en los medios europeos, pero son los primeros en agravar la crisis climática global y la vulnerabilidad de los pueblos indígenas al posibilitar la extracción de combustibles fósiles en América Latina. En tierras ajenas hacen lo que dicen que no harán en las suyas, y así se llevan la mayor parte de las ganancias, dejando los impactos sociales y ambientales en el otro lado del mundo. ¿No te suena a una historia conocida, de esas que escuchábamos en la escuela sobre la conquista de América?

Este “doble estándar” fue evidenciado y detallado por Amazon Watch y Stand.Earth en su informe:

  • Al menos 19 son los bancos que financian la extracción de petróleo en las Cabeceiras Sagradas del Amazonas.
  • Seis de ellos (todos europeos) son los principales financiadores, que representan el 85% del crédito para este tipo de actividad. Por orden de participación, estos son:
    • ING Bélgica (sucursal de Ginebra)
    • Credit Suisse (sucursal de Ginebra)
    • Natixis (sucursal de París)
    • BNP Paribas Suisse (filiales de París y Ginebra)
    • UBS (sucursal de Ginebra)
    • Rabobank (filial de Utrecht, Países Bajos)

Tan solo considerando el comercio de petróleo entre empresas que operan en el Ecuador y las refinerías de Estados Unidos, entre enero de 2009 y mayo de 2020, el crédito ofrecido por todos los bancos involucrados hizo posible la venta de 155 millones de barriles de petróleo. Esto corresponde a un volumen de negocio de unos 10 mil millones de dólares.

 

¿Por qué es tan grave financiar este tipo de comercio?

La respuesta es simple: por los graves impactos ambientales y sociales que provoca en la región. ¿Cuáles son, entonces, las consecuencias de la extracción de fósiles en la Amazonía?

➤ Mayor perjucio para el clima

Si consideramos solamente el volumen del petróleo exportado hacia los Estados Unidos desde 2009, estos barriles contuvieron 66 millones de toneladas métricas de CO2, equivalentes a las emisiones anuales producidas por 17 centrales eléctricas de carbón. Es claro que los bancos se están beneficiando del empeoramiento de la emergencia climática que afecta a todos los habitantes del planeta, en especial -y de forma desproporcionada- a las familias más pobres y a las comunidades más vulnerables.

➤ Mayor perjuicio para los pueblos indígenas

La región conocida como Cabeceiras Sagradas -de donde se ha extraído el petróleo- se extiende por casi 30 millones de hectáreas de la selva amazónica del Ecuador y el Perú y alberga a cerca de medio millón de indígenas de 20 grupos étnicos distintos. Muchas de estas comunidades han sufrido durante décadas las consecuencias de los derrames de petróleo y la persecusión de los líderes que se manifiestan contra la extracción de petróleo. Un ejemplo reciente:

En abril de 2020, mientras el pueblo de Ecuador atravesaba el pico de la crisis debido a la pandemia de Covid-19, los residentes de la región de las Cabeceras Sagradas debiern hacer frente al peor derrame de petróleo de la región en 15 años. La contaminación alcanzó cientos de kilómetros en dos de los principales ríos de la región, contaminando el agua y los suministros de alimentos, así como reduciendo drásticamente los ingresos de las comunidades indígenas. Unas 120.000 personas se vieron afectadas, de las cuales al menos 27.000 son indígenas. Los residentes de la región también informaron sobre problemas de salud, incluidas las enfermedades de la piel resultantes del contacto con el agua del río, que es la única fuente de agua de baño para varias familias. El derrame además obstaculizaba la prevención del Covid-19, ya que una de las principales medidas para prevenir el virus es lavarse las manos con frecuencia.

➤ Mayor perjuicio para la biodiversidad

La región de la que se extrae el petróleo alberga una de las mayores biodiversidades terrestres del planeta y algunas de las principales fuentes del caudal del río Amazonas que —como bien saben los brasileños— enmarca una zona gigantesca del territorio de Brasil. Un derrame grave en esta área puede perjudicar de forma imprevisible el equilibrio de la vida en el bosque y los ríos.

La falta de respeto del sector petrolero hacia los Pueblos Indígenas del Ecuador se remonta a décadas atrás, y ya había sido registrad el febrero pasado en el informe Violación de los Derechos Humanos por parte de las empresas de combustibles fósiles (link en portugués) de 350.org.

 

¿Qué pueden hacer estos bancos para evitar las prácticas colonialistas?

El propio informe de Amazon Watch y Stand.Earth recomienda algunas medidas:

  • Promover la transparencia en cualquier financiamiento al comercio de productos extractivos.
  • Garantizar que toda financiación de proyectos o transacciones comerciales sólo sea liberada con la comprobación de prácticas que permitan el consentimiento libre, previo e informado de los Pueblos Indígenas, según lo dispuesto en la Declaración 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
  • Dejar de financiar la extracción y el comercio de petróleo en la Amazonía, a menos que se respeten las medidas para garantizar los derechos de los pueblos indígenas.

De hecho, aunque el informe no lo diga, nosotros igual nos preguntamos: ¿por qué no dejar de financiar el petróleo en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier condición? Ya que, aunque los combustibles fósiles se extraigan sin dañar directamente a los Pueblos Indígenas, los perjudicarán de cualquier forma, así como a todos nosotros, porque continuarán profundizando la crisis climática.

Los bancos «progres» que dicen ser sostenibles hace rato deberían haber dejado de beneficiarse del desastre ambiental y social que nos espera si no dejamos de emitir CO2 ya. Eso es lo único que podrá diferenciarlos realmente de los colonos de hace cuatro siglos atrás.

 

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Peri Dias – Gerente de Comunicación de 350.org América Latina