Hay muchas cosas sucediendo en este momento: todas extraordinarias, inusuales y que baten récords, y el movimiento climático tiene un papel vital que desempeñar en el discurso sobre las brechas y precios de la energía. Por ello, en 350 haremos todo lo posible por contextualizar la economía y la política que subyacen al aluvión de titulares y datos en torno a la energía, el clima y los conflictos para ofrecer otra referencia al movimiento.

Actualmente, Estados Unidos y el Reino Unido han anunciado que impondrán una prohibición a los combustibles fósiles rusos (petróleo, gas y carbón), que se aplicará gradualmente en los próximos meses. Además, Europa tiene previsto reducir su dependencia del gas fósil ruso en dos tercios este año. A corto plazo, Europa planea utilizar las energías renovables, la eficiencia energética y las bombas de calor para suministrar el 37% de esos recortes hechos al gas ruso.

Antes de estos anuncios, los combustibles fósiles ya se habían visto inmersos en un desenfrenado sube y baja de precios. Los precios del gas fósil en Europa se dispararon el martes a nuevos máximos históricos por encima de los 345 euros por megavatio-hora, después de haber batido un récord la semana pasada. El gráfico se parece al famoso gráfico del palo de hockey que muestra el aumento de la temperatura global: una relativa estabilidad seguida por una subida fuera de control.

El gas no es el único combustible fósil que ha subido de precio. El petróleo, con un máximo de una década por encima de los 130 dólares por barril (Brent), está experimentando una volatilidad de precios que no se veía desde el pico de la crisis financiera de 2008. Incluso los precios del carbón han subido bastante.

Entonces, ¿qué está ocurriendo? ¿Por qué los precios de los combustibles fósiles están por las nubes?

Desde el punto de vista de la oferta: A mediados de 2021 se sospechaba que Rusia estaba demorando en enviar sus suministros de gas a Europa, provocando un aumento de los precios. Ahora, hay un importante rechazo mundial al petróleo y al gas rusos (incluidas las actuales prohibiciones de Estados Unidos y del Reino Unido), lo que deja un enorme vacío en el mercado. Además, las condiciones meteorológicas extremas han perturbado el transporte y los patrones estacionales establecidos desde hace tiempo en la forma en que compramos y consumimos energía. Desde el punto de vista de la demanda: uno de los factores más importantes es el macro resurgimiento de la demanda, ya que las economías han experimentado un auge tras el levantamiento de los confinamientos por causa de la Covid-19.

Como hablamos en nuestra publicación anterior, la maquinaria de propaganda alimentada por los combustibles fósiles está trabajando tenazmente para convencer a los líderes mundiales de que más perforación y desregulación es la respuesta para oponerse a Putin y a las subidas de precios. Más oferta, dicen, es siempre la respuesta a las subidas de precios. Como escribió recientemente Naomi Klein ,

«A las pocas horas de la invasión, todos los proyectos de destrucción del planeta que el movimiento de justicia climática había logrado bloquear en la última década estaban siendo puestos frenéticamente en la mesa por los políticos de derecha y los expertos amigos de la industria: cada oleoducto cancelado, cada terminal de exportación de gas rechazada, cada campo de fractura hidráulica protegido, cada sueño de perforación en el Ártico. Dado que la maquinaria de guerra de Putin se financia con petrodólares, la solución, nos dicen, consiste en perforar, fracturar y despachar más de los recursos propios».

La frase de moda la semana pasada fue «seguridad energética». A pesar de los innumerables análisis que apuntan al hecho de que la guerra en Europa fue permitida por la rentabilidad de los combustibles fósiles, la industria de los combustibles fósiles pulió su doble discurso orwelliano para reforzar su causa: La guerra es la paz. La ignorancia es la fuerza. Los combustibles fósiles son la seguridad energética.

Y justo en ese momento, los políticos empapados de petróleo están trabajando horas extras para repetir el viejo sentimiento de que la mejor manera de asegurar la estabilización del precio de la energía es a través de la perforación y la minería patrocinada por el gobierno, incluida la mayor desregulación posible. Podemos perforar para obtener más petróleo si no tenemos que preocuparnos por los derrames y el agua o el aire tóxicos. No olvidemos que las subvenciones directas a los combustibles fósiles ascendieron a 760,000 millones de dólares en 2018, según el Fondo Monetario Internacional. Esa cifra será probablemente mucho mayor este año, ya que la factura de las subvenciones aumenta junto con los precios del petróleo y el gas.

Pero no nos engañamos. Sabemos la verdadera razón por la que las nuevas y viejas infraestructuras de los combustibles fósiles se presentan como una ayuda para los ucranianos. Esta guerra ha hecho que los costosos proyectos de combustibles fósiles sean rentables, y la industria de los combustibles fósiles y sus bancos están decididos a sacar el máximo provecho de estos altos precios.

Esta vez, sin embargo, la narrativa de «perfora, chico, perfora» tiene un formidable competidor. Se está contando una historia clara y convincente sobre una economía energética que no depende de los volátiles precios del petróleo y el gas. Un mundo en el que los autócratas, alimentados por la riqueza fósil, son irrelevantes. Una transición energética limpia es intrínsecamente mucho más distribuida y se basa en fuentes como el viento y el sol que no están sujetas a crisis geopolíticas.

Cuando los precios de los combustibles fósiles son altos, existe la oportunidad de que los precios relativamente más bajos de las energías renovables ganen algo de terreno. Por supuesto, no es tan fácil. Los altos precios del petróleo significan empresas petroleras más poderosas, que obtienen beneficios más grotescos y que vierten más dinero a los bolsillos de los políticos.

Crédito de la foto: Karissa Chandrakate


Ahí es donde entramos nosotros. No podemos hacer esta transición sin una gran inversión. Nuestro trabajo consiste en exigir a nuestros gobiernos, en voz alta y con insistencia, un futuro limpio y justo. Los precios actuales del petróleo y del gas son un indicador de un momento importante para el cambio significativo y ya hemos visto este cambio en acción: cuando la gente se une para oponerse a la expansión de los combustibles fósiles y exigir que los fondos se inviertan en energías renovables. Hemos visto lo poderosa que es la voz del movimiento climático y ahora tenemos que seguir demostrándoles a los líderes que la transición hacia las energías renovables es la única vía prometedora para conseguir el mundo que queremos.