El Coronavirus está llevando al mundo a otra recesión. Las empresas están cerrando, muchos trabajadores se están aislando de forma preventiva y las ruedas de la economía global se están desacelerando casi hasta el punto de detenerse.

Para combatir el cataclismo económico, los gobiernos del Norte Global están implementando paquetes de estímulo y de rescate masivos, que van desde cientos de miles de millones a billones de dólares. ¿Pero qué pasa con los países más pobres que no pueden permitirse esto?

Con altos grados de solvencia y grandes economías, muchos países del Norte Global pueden acceder a préstamos con tasas de interés cercanas a cero e inyectar grandes cantidades de dinero en sus economías. Sin embargo, muchas naciones del Sur Global sufren obstáculos estructurales para responder a la crisis en una escala similar. Muchos de ellos están atrapados en una deuda agobiante, tasas de interés desproporcionadas y programas de ajuste a nivel estructural que les impiden emprender nuevos programas de gasto.

Si queremos evitar que la pandemia del COVID-19 profundice la desigualdad y perjudique aún más a los países pobres, tenemos que atacar las cadenas neocoloniales que los frenan y despejar el camino para un Green New Deal global.

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Para comprender los desafíos que enfrentan las naciones del Sur Global al lidiar con el COVID-19 y sus consecuencias, debemos entender también las restricciones coloniales y poscoloniales que se interponen en su camino.

Mientras que el Sur Global logró la independencia política con el fin del colonialismo, Occidente siguió ejerciendo el control sobre sus antiguas colonias. En lugar de dirigir a otras naciones directamente, los países occidentales utilizaron lo que el ex presidente ghanés Kwame Nkrumah llamó “dominación neocolonial” para abrirse camino a través de medios políticos y económicos.

La figura que se encuentra a continuación da crédito a las afirmaciones de Nkrumah: la brecha promedio del ingreso per cápita entre el Norte y el Sur ha aumentado, y no disminuido, desde la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales de las Naciones Unidas de 1960, en la que se afirmaba el derecho de todos los pueblos a la libre determinación y se proclamaba que se debía poner fin al colonialismo de manera rápida e incondicional. La desigualdad mundial es ahora tan elevada que el coeficiente de Gini, que mide el nivel de desigualdad en todo el mundo, es aproximadamente el mismo que el de Sudáfrica, una de las sociedades más desiguales del planeta.

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Fuente: “Un Nuevo Acuerdo Verde para Europa”

 

Parte de la razón de la enorme brecha entre los países ricos y los pobres es que el Sur Global ha quedado encerrado en una forma de servidumbre endeudada con los países del norte. Deseosos de salir de la pobreza e incapaces de reunir capital por otros medios, los países en desarrollo se han visto obligados a pedir dinero prestado con tasas de interés estratosféricas, a menudo a los mismos países que los colonizaron alguna vez.

Como señala Misheck Mutize de la Universidad de Ciudad del Cabo:

“Los gobiernos africanos están pagando un interés del 5 al 16 por ciento sobre los bonos del Estado a 10 años, en comparación con las tasas casi nulas o negativas de Europa y Norteamérica. En promedio, el reembolso de intereses es la porción de gasto más alta y sigue siendo el gasto de más rápido crecimiento en los presupuestos fiscales del África subsahariana.”

Otra condición típica de la deuda: los programas de ajuste estructural neoliberal (PAE). A partir de los años 70 y 80, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional obligaron a los países a adoptar una serie de políticas regresivas (desregulación, privatización, recortes del gasto público) antes de abrir sus bolsillos.

Ahora, ante la pandemia del Coronavirus, los países del sur se enfrentan a una problemática triple: para obtener el dinero necesario para los estímulos y rescates, muchos tendrán que endeudarse más. Es posible que para asegurarse los préstamos tengan que acceder a políticas adicionales de “ajuste estructural”. Y esas mismas medidas vaciarán un sector público ya decrépito, dejando a los países mal equipados para una pandemia masiva.

El Coronavirus se está extendiendo por todo el mundo, arrasando con las economías a diestra y siniestra. Responder a esta recesión sin precedentes requerirá de una movilización sin precedentes. Parece que sólo un programa está a la altura de las circunstancias: el Green New Deal global.

Sólo en los próximos tres meses, COVID-19 podría causar la pérdida de 195 millones de puestos de trabajo, según el jefe de la Organización Mundial del Trabajo de la ONU. Investigadores de la Universidad de Stanford han estimado que un Green New Deal que haga funcionar el mundo con un 100 por ciento de energía renovable podría crear 28,6 millones de puestos de trabajo en comparación con el mantenimiento del status quo de los combustibles fósiles. Y eso sólo sería considerando el sector energético.

Como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ha destacado, para mantener el calentamiento global a 1,5°C será necesario transformar prácticamente todos los sectores de la sociedad. La promulgación de un Green New Deal para esa tarea podría generar al menos 170 millones de empleos adicionales, compensando casi en su totalidad las pérdidas de empleo proyectadas como resultado de la crisis por el COVID-19.

Pero, para que el Sur Global se beneficie de un Green New Deal, tendrá que liberarse de las cadenas neocoloniales que lo frenan. Si bien sus beneficios son enormes, un reciente informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) señala que los requisitos de inversión necesarios también lo son. En palabras de Mukhisa Kituyi, secretario general de la UNCTAD, “las cifras necesarias para la financiación son desalentadoras, de ‘miles de millones a billones’, lo que requeriría 2,5 billones de dólares adicionales al año, sólo en los países en desarrollo”.

La UNCTAD sostiene que muchos de estos países serían en gran medida incapaces de invertir en un Green New Deal local debido a su elevado endeudamiento y a su incapacidad para reunir capital y acceder a préstamos de bajo interés. La agencia recomienda revisar las reglas del comercio internacional y de los sistemas monetarios para que todos los países puedan llevar a cabo las inversiones necesarias para descarbonizar sus economías. Fundamental tener en cuenta las recomendaciones del informe: revisar los programas de ajuste estructural, conceder el alivio de la deuda y revisar la forma en que se estructura la misma para que los países en desarrollo puedan financiar un Green New Deal global. Básicamente, la UNCTAD recomienda deshacer gran parte de las estructuras neocoloniales que limitan a los países del sur.

Adicionalmente, el informe de la UNCTAD sostiene que “lo que se necesita ahora es un impulso coordinado de las inversiones, a una escala sin precedentes, que aplique a todo el patrimonio mundial”. Eso significaría que el Norte Global debería ayudar a pagar la factura de gran parte de esas necesidades de inversión, saldando la enorme deuda ecológica y colonial que tienen con el Sur Global. La propuesta de Yanis Varoufakis y David Adler de crear una Organización Internacional para la Cooperación Ambiental de Emergencia sería una forma de lograrlo. Recaudaría 8 billones de dólares cada año para financiar un Green New Deal global y ayudar a los países a abordar los impactos del cambio climático según sus necesidades. Exactamente lo que necesitamos ante una crisis internacional.

A medida que la crisis climática se profundiza y una pandemia sin precedentes nos empuja hacia una recesión mundial, debemos romper las cadenas del neocolonialismo que esclavizan a los países del Sur Global y hacer posible que todos los países logren la transición a una economía sostenible. Un mundo sano, social y ecológicamente justo lo exige.

Alex Lenferna es un activista sudafricano por la justicia climática con 350.org. Es becario Fulbright y Mandela Rhodes, con un doctorado en justicia climática de la Universidad de Washington.

Foto: Zouzou Wizman / Wikimedia Commons

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