Brasil está viviendo uno de los momentos más difíciles desde el derrame de crudo que sucedió dos meses atrás, después de que se detectaran manchas en la región del Parque Nacional Marino de Abrolhos, en Ponta das Baleias, en Caravelas y en la Isla Santa Bárbara. La situación se da dos meses después de que la marea negra se propagara a lo largo de la costa nordeste. Actualmente se está llevando a cabo un verdadero despliegue en el que participa la Marina de Brasil, quien anunció que ha destinado ocho barcos, ocho embarcaciones y siete aviones para controlar un área de 22.000 km2. Dos de los barcos más grandes de la flota fueron desplazados el lunes pasado desde Río de Janeiro para sumarse a la operación, que deberían llegar al noreste el 10 de noviembre para ayudar en la vigilancia de la costa.

Estas acciones forman parte del Grupo de Monitoreo y Evaluación (GAA), también formado por el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (IBAMA) y la Agencia Nacional del Petróleo (ANP).

La iniciativa ha recibido un importante apoyo de voluntarios preocupados por el destino del mayor ecosistema marino del Atlántico Sur, concentrado principalmente en Abrolhos. El último 3 de noviembre, el Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) determinó tres días de suspensión de visitas al parque para intensificar los controles.

En la Reserva Extractiva (Resex) de Canavieiras, una ubicación estratégica para el acceso al parque, se recogieron más de 11 toneladas de petróleo. Pescadores y recolectores de mariscos, apoyados por científicos, crearon una estructura organizada para combatir la contaminación con una mesa de monitoreo diario que está en funcionamiento desde el 25 de octubre. «Estamos trabajando en red en 13 puntos de la Resex con aproximadamente 300 voluntarios fijos, sumados a los rotativos», dijo el extractivista Carlos Santos. El intervalo con la mayor incidencia de aceite fue entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre.

Miembros del grupo SOS Abrolhos iniciaron acciones de inspección para ver si encuentran más fragmentos de petróleo, además de la movilización permanente para la preservación de la unidad de conservación. En otros frentes, los pescadores de Alcobaça construyeron una barrera para proteger los manglares. En la playa de Acaré, en la región de la ensenada de Caravelas, las movilizaciones son justamente para preservar los manglares.

También se registraron manchas de petróleo en algunos de los más importantes destinos del litoral bahiano, como en Arraial da Ajuda. Lo que preocupa es que los arrecifes y corales de Abrolhos ya habían sido impactados previamente por el lodo resultante del hundimiento de la represa de desechos de Samarco, del grupo Vale y de la anglo-australiana BHP Billiton, en Bento Rodrigues, Mariana (Mato Grosso), cuatro años atrás. El incidente comprometió la cuenca del Río Doce siguiéndola incluso hasta el mar. Otra preocupación sobre la seguridad de Abrolhos es que la región podría ser explotada para la exploración petrolera (para más información, te recomendamos leer: Victoria conservacionista: el Parque Nacional Marino de Abrolhos está protegido -por ahora-).

 

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Sucena Shkrada Resk — Periodista ambiental, experta en política internacional, medio ambiente y sociedad. Es Digital Organizer de 350.org Brasil

Traducción: Rocío Rodríguez Almaraz