El Presidente Lula da Silva, y una comitiva especial, se encuentran de visita oficial en Argentina. En el marco de la misma, prometió una serie de convenios e inversiones en este país. Entre ellas un nuevo financiamiento para la construcción del segundo tramo del gasoducto Néstor Kirchner, decisión que agrava la crisis socioambiental en ambos países. Será el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), institución estatal brasileña que financia algunas de las obras de infraestructura más grandes del continente, quien otorgará el crédito. 

Mediante esta inversión, se busca ampliar el flujo de gas extraído de la reserva de combustibles fósiles de Vaca Muerta, en la Patagonia argentina, al conectar la provincia de Neuquén, donde se encuentra la mayor parte de la reserva, con la provincia de Santa Fe.

“La financiación del gasoducto NK es una vergüenza binacional que no debería realizarse. Mediante este préstamo, ambos países profundizarán la dependencia a los combustibles fósiles, una de las principales causas del cambio climático. Existen espacios mucho más positivos para la colaboración entre estos países hermanos, como el de desarrollar en conjunto energías renovables”, dice Ilan Zugman, activista climático brasileño y director de 350.org en América Latina.

“Del lado argentino agrava la dependencia de las energías sucias y no renovables, además de amplificar los terribles impactos que la extracción de petróleo y gas en Vaca Muerta tiene sobre las comunidades vecinas y el clima global. Del lado brasileño revela la primera gran contradicción del nuevo gobierno en el área energética, en un momento en que Lula y su equipo intentan mostrar su compromiso con la causa climática para construir credibilidad internacional”, analiza Zugman.

Con respecto a su impacto global, el daño de Vaca Muerta también es gigantesco. Según un estudio de 350.org y Profundo, si se quema el total de petróleo y gas contenido en la cuenca Neuquina, donde Vaca Muerta es uno de sus principales yacimientos, se generaría un volumen de CO₂ equivalente al 11,4% del supuesto global de CO₂. Es decir: todo el volumen de CO₂ que se puede emitir de aquí al 2050, si la humanidad quiere limitar el calentamiento global a 1,5 °C.

Para María Victoria Emanuelli, activista climática argentina y directora de campaña de 350.org en América Latina, la elección de expandir Vaca Muerta también es irresponsable desde el punto de vista económico.

“Al anunciar los supuestos beneficios económicos de esta decisión, el gobierno argentino se olvida convenientemente de mencionar los costos ocultos multimillonarios de Vaca Muerta, incluso los subsidios que salieron de los bolsillos de todos nosotros y han ido a parar a las cajas fuertes de las megapetroleras”, dice Emanuelli.

Los costos ocultos de Vaca Muerta también incluyen fugas de petróleo y gas en las zonas de extracción, contaminación de aguas y suelos, que perjudican a los pequeños agricultores, y daños a la salud pública en regiones donde viven miles de familias. Según el informe comentado en párrafos anteriores, la suma de todos los costos ocultos de Vaca Muerta, para la sociedad argentina y mundial, podría superar los US$ 5.600 millones.

“Argentina puede redirigir los recursos utilizados en la ampliación de Vaca Muerta al desarrollo de energías renovables, que son mucho más limpias, más baratas y contribuyen a la soberanía energética del país. La elección de los combustibles fósiles es política y no se puede justificar desde el punto de vista del interés nacional», dice Emanuelli.